Camboya no es sólo los templos de Angkor

Cuando nombramos la palabra “Camboya”, en seguida se nos viene a la cabeza Angelina Jolie pegando saltos y disparando en Tomb Raider, y aquellos árboles gigantes creciendo encima de los muros. Son los famosos templos de Angkor.

Y no es para menos. El sitio es espectacular. Es inmenso, harían falta años para verlo entero.

Precisamente por los templos, mucha gente conoce Camboya como una extensión de Tailandia. Desde Bangkok puedes coger un autobús hasta Siem Riep y en unas 8 horas te plantas en los templos.

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Pero Camboya tiene mucho más que ofrecer

Camboya ofrece algunas playas de ensueño, miles de aldeas acogedoras perdidas entre la selva cuyos habitantes pocas veces han visto occidentales, gente hospitalaria y risueña por todas partes, deseosas de hablar con extranjeros y de conocer cómo se vive fuera de  su país, y sobre todo atesora miles de momentos y vivencias que se guardarán en el viajero para siempre.

El problema de Camboya es que cuando se empieza a rascar la superficie, además de todas estas cosas maravillosas, uno encuentra cosas brutales.

Para empezar, algo que todo el mundo sabe, es uno de los países con más minas antipersona aún activas y con más mutilados.

El trabajo infantil es algo aceptado y extendido por todo el país.

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Por si esto fuera poco, la prostitución es algo abierto y sin tapujos, y la prostitución infantil algo que no se esconde demasiado.

Aún recuerdo en una playa llamada Serendipity Beach a muchos turistas agarrados a niños y niñas, o bares enteros llenos de chicas camboyanas, algunas seguro que menores de edad, donde ellas mismas me explicaron que una mujer camboyana nunca la vas a encontrar en un bar, ya que son muy tradicionales, y que todas las que estaban allí eran prostitutas.

“I work with men”, me dijo una camboyana de edad indefinida cuando le pregunté a qué se dedicaba. Podía tener entre 15 y 30 años, aunque ella me dijo que tenía 21. Le pregunté después a varias, y todas me decían la misma edad.

En cuanto uno empieza a conocer camboyanos y sus historias, el dolor es inmenso.

El genocidio camboyano

Otra de las historias más fuertes que vivió Camboya hace relativamente poco, fueron los Khmer Rouge, o los Jemeres Rojos.

Es extraño, pero algo tan sumamente brutal y reciente es desconocido para mucha gente.

Le he hablado de los Khmer Rouge a mucha gente, y más de la mitad no sabía de lo que le estaba hablando, ni siquiera les sonaba el nombre.

Los Jemeres Rojos es el nombre con el que fue conocida la organización guerrillera camboyana que, tras la Guerra de Vietnam, la salida de los Estados Unidos y el derrocamiento del general Lon Nol (que regía una dictadura militar desde 1970), tomó el poder el 17 de abril de 1975. Su líder fue Pol Pot. Seguro que este nombre sí que te suena de algo, ¿verdad?

El sistema de gobierno se basó en un sistema de economía radicalmente agraria. Al día siguiente de tomar el poder evacuaron las ciudades y mandaron a todo el mundo a trabajar al campo, en jornadas de más de 14 horas.

Querían reconstruir la sociedad camboyana desde los orígenes y recuperar la cultura jemer ancestral, y absolutamente todo lo que pudiera representar pasado debía desaparecer: la moneda, el mercado, la educación, las maneras de vestirse, la religión, los libros, lo que viniese del extranjero, las formas tradicionales de gobierno, la familia, etc. fueron declaradas muestras del feudalismo. Saber un idioma o llevar gafas conllevaba la pena de muerte.

Para ahorrar balas, muchas de las ejecuciones las hacían con utensilios de labranza.

Durante los cuatro años que duró su régimen, desde abril de 1975 a enero de 1979, sus acciones y maneras de imponer su política condujeron a lo que se conoce como el «genocidio camboyano», actos que en la actualidad están siendo juzgados por un tribunal internacional en Phnom Penh por crímenes contra la humanidad.

El fin del régimen de los Jemeres Rojos, tuvo lugar en 1979 debido a una intervención militar de Vietnam en el país. Se calcula que en esos 4 años murió una cuarta parte de los habitantes de Camboya, cifra no inferior a los dos millones de personas, más las secuelas que ello significó para el país en general.

Fíjate bien en las fechas. Todo esto pasó hace muy pocos años. De hecho, había un representante de los Jemeres Rojos en las Naciones Unidas, y contaba con el apoyo diplomático de potencias como China, Estados Unidos, los países de la ASEAN, Reino Unido o Australia. Increíble.

No sólo eso, sino que quizá el aliado más relevante de los Khmer Rouge desde el punto de vista diplomático fue Estados Unidos, proporcionando a las guerrillas de Pol Pot 85 millones de dólares entre 1980 y 1986.

Y si todo esto te parece poco, te dejaré un detalle aún más espeluznante que hará que entiendas mejor la realidad actual de Camboya:
los Khmer Rouge tenían de espías dentro de cada familia a los miembros más influenciables, los niños.

Cuando los padres eran sospechosos de traición al régimen, (recordemos que llevar gafas o hablar otro idioma lo era), tenían que acusarlos. Y como prueba de lealtad total, eran los propios hijos los que tenían que matar a sus padres.

Para que un niño llegara al extremo de matar a sus propios padres, los Khmer Rouge utilizaban torturas y técnicas de manipulación que alteraban la escala de valores de los niños, y no eran capaces de distinguir el bien y el mal.

El problema es que esos niños son ahora los adultos que hay en Camboya. Esto no pasó hace cientos de años, sino sólo 35.

¿Te puedes hacer ahora una idea de Camboya?

A modo de resumen: primero Camboya sufrió durante décadas los rigores del poder colonial francés, más tarde durante la guerra de Vietnam el país fue devastado por los bombardeos masivos ordenados por Nixon, después le tocó el turno al régimen de terror de los Khmer Rouge, que concluye en 1979 con la invasión vietnamita que inicia a su vez doce años de ocupación….

Y sin embargo…

Y sin embargo, y después de contarte todo esto, puedo decir que no hay gente más buena y más hospitalaria que los camboyanos, y que no hay un país más seguro por donde viajar que Camboya.

Suena raro escuchar esto después de todo lo que ha pasado allí, pero cuando conoces a camboyanos y hablas con ellos, no puedes creerte que hace tan poco tiempo estuvieran matándose entre ellos como salvajes. Son inocentes como niños.

Sobre todo si te alejas de la capital, Phnom Penh, de las playas, o de los templos de Angkor, te pierdes por las miles de aldeas desconocidas, y descubres la verdadera Camboya, un sitio fascinante y mágico, donde querrás volver una y otra vez.

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